SALA DE LAS EXPEDICIONES

Los viajes naturalistas

El iniciador de ese “catálogo razonado de las formas de vida” fue el sueco Carlos Linneo (1707-1778). En sus tratados, publicados en el siglo XVIII, describió las plantas y animales propios del norte y del centro de Europa, es decir, de las regiones que él tuvo ocasión de recorrer y estudiar en profundidad. A partir de entonces, multitud de naturalistas de diversas nacionalidades han recorrido todos los rincones del planeta, en largas y penosas expediciones científicas, con el fin de aportar nuevos conocimientos a esa vasta empresa que, todavía a día de hoy, permanece sin concluir.

Los viajes científicos están íntimamente relacionados con el desarrollo de la navegación y el descubrimiento de nuevos territorios. Españoles y portugueses fueron los primeros en realizar descripciones detalladas de naturalezas lejanas. Más tarde se unieron holandeses, ingleses y franceses, en una actividad que se inició de manera sistemática en el siglo XVII pero que alcanzó su máximo apogeo a lo largo del siglo XIX. Aunque en la mayor parte de los casos la organización del viaje obedecía a motivos políticos, económicos o militares, siempre se incluía un grupo de naturalistas que recolectaban plantas y animales, los preparaban para su conservación y los enviaban a la metrópoli, ya fuera Madrid, París o Londres, para su estudio e incorporación a los gabinetes de Historia Natural.

Las expediciones españolas

A la ciencia española le corresponde el honor de haber sido la primera en publicar minuciosas descripciones de la naturaleza americana, tras el descubrimiento del Nuevo Continente en 1492. Tal vez la más conocida sea la que Francisco Hernández de Toledo (1514-1578) hizo del virreinato de Nueva España, actual México. Por desgracia, la enorme cantidad de información que recopiló, se publicó solamente en parte y de forma indirecta por otros autores. Los textos originales aparentemente se perdieron durante el incendio sufrido por la biblioteca de El Escorial en 1671.

La primera expedición de circunnavegación del globo, realizada entre 1519 y 1522, también fue empresa española. La misión que logró tal hazaña estuvo capitaneada por Fernando Magallanes (1480-1521) y Juan Sebastián Elcano (1476-1526). En su recorrido doblaron el continente americano por el sur, a través del paso que desde entonces lleva el nombre de estrecho de Magallanes, llegaron a Filipinas y a otras islas del Pacífico y navegaron por el cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, en su viaje de retorno.

El siglo XVIII fue rico en viajes naturalistas. Destacan los del aragonés Félix de Azara (1742-1821) por los países más meridionales de América del Sur, especialmente por Paraguay. Allí realizó una detallada descripción de la fauna y flora del Chaco, un peculiar ecosistema de extrema sequedad. En ese mismo siglo se llevó a cabo otra célebre expedición que recaló en las principales posesiones españolas en América y Asia. Estuvo capitaneada, entre 1788 y 1794, por Alejandro Malaspina (1754-1809), célebre marino italiano al servicio de España, al que acompañaron en su periplo los naturalistas Tadeo Haenke (1761-1817) y Antonio Pineda (1753-1792), fallecido en Filipinas durante la travesía.

Sin duda alguna, el principal viaje científico realizado en el siglo XIX, durante el reinado de Isabel II, fue la Comisión Científica del Pacífico. Durante tres años, entre 1862 y 1865, los expedicionarios volvieron a recorrer distintas regiones americanas y asiáticas recopilando material y realizando detalladas descripciones de animales y plantas. Tal vez, el personaje más conocido de los que participaron en el viaje sea Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898), eminente zoólogo que también se interesó por las costumbres de los gentes y por la historia de la América precolombina. Algo más tarde, el vasco Manuel Iradier (1854-1911) recorrió los territorios del golfo de Guinea, labor que permitió que España lograra una parte del reparto colonial que las grandes potencias europeas hicieron del continente africano.

proceso de naturalizado en el Museo de la Caza

“Proceso Taxidermia”
Fotografía Jaime Salas Pavón | jsalaspavon.com

expediciones de otros paises

"Expediciones de Otros Paises" Fotografía Jaime Salas Pavón | jsalaspavon.com

“Expediciones de Otros Paises”
Fotografía Jaime Salas Pavón | jsalaspavon.com

La repercusión de dichos viajes en el progreso de la ciencia moderna ha sido enorme. En algunos casos, los materiales que llegaban a Europa estimulaban el afán de naturalistas-coleccionistas que deseaban poseerlos y exhibirlos en sus gabinetes. Algunas de esas colecciones, como las del británico Hans Sloane (1660-1753) o el francés Réaumur (1683-1757), constituyeron, el núcleo inicial sobre el que después se fundaron los grandes museos de Ciencias Naturales de Londres y París. En otros casos, las expediciones daban pie a la redacción de crónicas de viaje que se convertían en auténticos manuales de historia natural, como las que el francés Michel Adanson (1727-1806) escribió tras su visita a Senegal, o las del inglés Mark Catesby (1683-1749) sobre la fauna y flora de Estados Unidos.

Buena parte de esas expediciones, ya fuera por su duración y por las peripecias sufridas, han entrado en el terreno de la leyenda. Los viajes del capitán James Cook (1728-1779) son un buen ejemplo. Este explorador británico realizó tres navegaciones por el océano Pacífico y fue el primer europeo en arribar a las islas Hawái, donde murió durante un enfrentamiento con los nativos. Le acompañaban naturalistas como James Banks (1743-1820), autor de la primera descripción del canguro, y Daniel Solander (1733-1782), un eminente botánico. La misión francesa comandada, entre 1791 y 1794, por Entrecasteaux (1737-1793) también ha nutrido muchos textos literarios. Su objetivo fue el de recabar noticias sobre la expedición de La Pérouse (1741-1788), fletada en 1785 y de la que no se tenían noticias desde 1788. Entrecateaux fracasó en su intento y él mismo murió de escorbuto en el Pacífico. Los restos del naufragio de los navíos de La Pérouse fueron finalmente encontrados varios años después.

De las muchas expediciones llevadas a cabo durante el siglo XIX, dos resultan especialmente interesantes. La que el alemán Alexander von Humboldt (1769-1859) realizó por las posesiones españolas en América, especialmente por la cordillera de los Andes, y la del inglés Charles Darwin (1809-1882), también por América del Sur, con una escala especialmente relevante en las Islas Galápagos. Al primero le debemos el desarrollo de la Ecología como ciencia que se ocupa del estudio integral de los paisajes, de lo que posteriormente se llamarían ecosistemas. El segundo es el autor de la conocida Teoría de la Evolución, que explica el origen de la diversidad de los seres vivos basándose en la selección que un medio ambiente ejerce sobre los individuos, tanto en su supervivencia como en su capacidad para dejar descendientes.

últimos espacios por explorar

Los decenios finales del siglo XIX son los de los grandes viajes de exploración tierra adentro, como los del religioso francés Armand David (1826-1900) por el interior de China, o los del militar ruso Nikolaï Prjevalski (1839-1888) por las inmensas estepas de Mongolia. Tanto uno como otro hoy son recordados en los nombres de dos especies de grandes mamíferos que ellos describieron por primera vez: el milú o ciervo del Padre David (Elaphurus davidianus), un desgarbado cérvido que a punto estuvo de desaparecer, y el caballo de Mongolia o de Prjevalski (Equus przewalskii), la única especie de caballo auténticamente salvaje.

Los últimos territorios en ser explorados fueron los polos. La dificultad de acceso y los rigores del clima motivaron que permanecieran inalcanzables durante largo tiempo. El autor de la doble hazaña fue el noruego Roald Amundsen (1878-1928). Al Polo Sur llegó en 1911, y al Norte en 1926. Otros lo intentaron sin éxito antes que él, como el británico Scott (1868-1912) y sus cuatro compañeros, que fallecieron de hambre y frío en su intento por llegar al lejano Sur.

Hoy en día, los científicos centran sus esfuerzos en el conocimiento de los fondos marinos, un terreno en su mayor parte inexplorado que exige el empleo de sofisticadas técnicas de prospección y muestreo. Actualmente, casi todos los países desarrollados poseen buques de investigación oceanográfica surcando los mares y recopilando datos y ejemplares, como los españoles Hespérides y Sarmiento de Gamboa.

las expediciones científicas

El vínculo entre la caza y la recolección de material científico es grande. Los naturalistas zoólogos que formaban parte de las expediciones eran expertos hombres de campo, capaces de muestrear pequeños insectos, de pescar en agua dulce o salada y de cazar aves y mamíferos. Escopetas y rifles, cañas y anzuelos, redes y cazamariposas eran habituales en el equipaje de los expedicionarios. Además, su formación incluía profundos conocimientos de taxidermia que les permitían preparar con esmero los esqueletos y pieles que, más tarde, enviaban a los museos europeos. Con todo, las dificultades materiales eran muchas y gran parte de las muestras acabaron perdiéndose.

Hoy en día, el nombre de muchos de esos esforzados viajeros está asociado al de las especies que describieron para la ciencia por primera vez. A veces, al naturalista únicamente se le reconoce en el nombre científico de la especie. Por ejemplo, el Aotus azarae, que es un pequeño mono nocturno sudamericano descrito por el español Félix de Azara. Otras, sin embargo, el apellido del naturalista se convierte en el de la especie, algo muy habitual entre las piezas de caza mayor. La gacela de Grant (Gazella granti) o la de Thompson (Gazella thomsonii), la cebra de Grevy (Equus grevyi) o la de Burchell (Equus burchelli) son solo una pequeña muestra de los muchos casos que se podrían citar.

 "Marco Polo" Fotografía Jaime Salas Pavón | jsalaspavon.com

“Marco Polo”
Fotografía Jaime Salas Pavón | jsalaspavon.com

La colección de mamíferos alcanza a casi todas las especies venatorias desde los majestuosos argalis hasta el oso polar, también un animal emblemático. Una vitrina conserva el traje, fabricado con piel de caribú, que utilizó un cazador para conseguir el Ursus maritimus en una expedición que es de las más duras que se puede realizar hoy.

Al fondo de la sala se puede contemplar una de las mejores y más completas colecciones de aves europeas. Para disfrute de todos se exhiben las distintas anátidas, las rapaces con el Águila imperial, una de las más bellas, los pájaros más pequeños como alondras, collalbas, petirrojos y las aves marinas y tantas y tantas.

 "Oso Polar" Fotografía Jaime Salas Pavón | jsalaspavon.com

“Oso Polar”
Fotografía Jaime Salas Pavón | jsalaspavon.com

 

"Zarpa Oso Polar" Fotografía Jaime Salas Pavón | jsalaspavon.com

“Zarpa Oso Polar”
Fotografía Jaime Salas Pavón | jsalaspavon.com