JUAN GAROZ SEVILLA 2º GENERACION DE TAXIDERMISTAS

21 Ene 2014

JUAN GAROZ SEVILLA 2ª GENERACIÓN DE TAXIDERMISTAS

1º CAPITULO

< Yo, desde niño sentí devoción por mi padre, de mozo admiración, de casado respeto y ya, siendo yo padre miedo a que me faltara>

A veces pienso si no me equivoqué de oficio, si el no seguir el consejo de mi madre fue un error. Ella siempre quiso para mí un trabajo con corbata, de manos limpias y zapatos brillantes de oficinista. La oferta de mi padre era todo lo contrario. La artesanía nunca ha gozado de prestigio, pues siempre ha estado relacionada con la pobreza y la subsistencia. La ropa de trabajo es bien distinta y el aspecto físico te distancia mucho del calificativo de “señorito” que en aquel tiempo tanto se valoraba en la sociedad.

Quizás por ser demasiado joven, tal vez porque fue el primer enamoramiento de mi vida, porque suponía estar y trabajar al lado de mi padre, me quedé a su lado convirtiéndose en la persona más importante de mi vida. Con él, viviendo en su ambiente, ayudando antes de que se me pidiera y deseoso por aprender aquel oficio, pasé de niño a mocito, estudiando, jugando y enamorándome. Si alguien cuando naces marca tu destino, el mío iba a estar tan vinculado a la taxidermia que ya cuando veo cerca la jubilación (aunque si hay fuerzas no será real) va a suponer toda la vida dedicada al mismo oficio.

Sin lugar a dudas lo que hoy es Taxidermia Garoz se lo debemos a José Lara Alem. Su ayuda durante los primeros años supuso los primeros triunfos, reconocidos estos hasta por mi madre, que nunca creyó en ellos. La confianza en el futuro que José Lara transmitía a su alrededor, su simpatía sin disimulos y su capacidad para hacer cosas, me infundio el animo que aún hoy, mas sosegado, perdura. Nunca he llegado a valorar sus ayudas sobretodo porque no recibió jamás ninguna compensación por tantas oportunidades de trabajos y conocimientos de gente que nos brindó. La palabra museo se la oí a él por primera vez y ha sido una constante en mi vida. Habló de hacer uno en Quintos de Mora y que seriamos los encargados de hacer todos los trabajos de taxidermia. Tanto mi padre como yo nos dimos cuenta de que necesitábamos aprender para dar respuesta a lo que de nosotros se esperaba. Mi madre se enteró y ni corta ni perezosa cogimos el Auto-Res de las siete de la mañana y me llevó a ver el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Ella pensó que si no sabes ni tienes maestro que te enseñe, al menos ver el trabajo terminado puede servirte para así aprender. Cuando poco sabes de taxidermia y te pones al frente y costado del elefante naturalizado entero por D. Luis Benedito, por deseo del duque de Alba, que fue quién lo cazó, sientes la admiración por una obra que jamás podrás hacer. Recorrí la sala de mamíferos y de aves tantas veces que llegué a reventar de cansancio a mi madre. Regresamos al pueblo y se lo conté a mi padre. Me prometí a mi mismo que tenia que volver mas veces, solo y con mas tranquilidad.

Mi esfuerzo por aprender comenzó a dar resultado y cada vez fueron mas los trabajos, estos cada vez mejor hechos y los clientes mas satisfechos. Las cosas empezaron a ir muy bien siguiendo así hasta hoy.

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